El presidente del Instituto Europeo de Salud acerca pruebas elocuentes del poder de orar.

El Dr. Manuel de la Peña –doctor en Biomedicina, presidente del Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social, y  Director de la Cátedra del Corazón de la Universidad CEU de San Pablo, entre otros méritos– brinda la siguiente información científica sobre la extraordinaria capacidad de cura que tiene la oración. Entre otros datos, afirma:

“Vivo con la firme convicción personal de que la oración, además de ser saludable, crea las circunstancias que sientan las bases apropiadas para la curación. Por ello, tengo que confesar que me fascinan las investigaciones sobre los efectos de la oración en los pacientes cardíacos realizadas por mi admirable colega californiano, el cardiólogo Randolph Byrd, que tuvo el coraje de estudiar a 393 pacientes de la Unidad de Coronarias del Hospital General de San Francisco.

En su estudio pudo observar que aquellos pacientes a quienes se dirigían plegarias y oraciones evolucionaban significativamente mejor que los que no estaban incluidos en esta «terapia», como se ha publicado en el Southern Medical Journal. Lo mismo ocurrió en la investigación realizada por el American Heart Institute de Kansas (EE.UU.) y publicado en la revista Archives of Internal Medicine sobre 990 pacientes. Este trabajo reveló recuperaciones asombrosas, con una menor estancia hospitalaria en los pacientes encomendados a las oraciones.

Resultados similares se reflejan en otro estudio pilotado por el Centro Médico Rabin (Israel) y publicado en el British Medical Journal. En él se constata que la oración produce cambios significativos en la evolución de la enfermedad, hasta tal punto que repetir una plegaria ayuda a la relajación, a la vez que reduce la presión arterial y los ritmos metabólicos, cardíacos y respiratorios.

“Es apasionante observar a médicos que han pasado del agnosticismo a una fe inmensa gracias a pacientes que se han curado con la oración”

La influencia de la oración en la mente y el cuerpo humano es tan real como los latidos del corazón. De hecho, sus resultados se pueden medir en términos tales como mejoras de la salud, el bienestar, y la capacidad intelectual, así como la comprensión de la realidad en torno a la que giran las relaciones humanas.

El Dr. Herbert Benson, cardiólogo y profesor de medicina en la Harvard Medical School, ha realizado investigaciones en diversos escenarios, que se extienden desde el laboratorio hasta la práctica clínica. Su trabajo establece puentes entre la medicina y la religión, la mente y el cuerpo, la fe y la ciencia.

Sin lugar a dudas, la oración marca con su influencia nuestras acciones y conductas, hasta tal punto que las personas que tienen el hábito de orar viven con más paz interior, manifiestan una tranquilidad de porte y reflejan en su rostro una nueva expresión. En lo más profundo de su conciencia brilla una luz: «Rezar significa dirigir el corazón a Dios; cuando una persona ora, instaura con Él una relación viva».

Cuando practicamos la oración empezamos a descubrirnos a nosotros mismos, a cultivar un sentimiento ético, de solidaridad con los más débiles. Descubrimos nuestros egoísmos, nuestra vanidad y nuestros desatinos. Propiamente entendida, la oración es una actividad madura, indispensable para el desarrollo complejo de la personalidad y para la integración de las facultades más profundas del ser humano. Justamente a través de la oración, podemos alcanzar la armonía y la unificación de «cuerpo, mente y espíritu», que es lo que otorga a la frágil constitución humana su fortaleza invencible. Los estudios de la Dra. Targ Fisher, sobrina del maestro de ajedrez, graduada en Stanford y profesora de psiquiatría en la Universidad de San Francisco de California, también han puesto en evidencia el papel positivo de la espiritualidad en el proceso de curación.

En este sentido, como médico católico, apostólico y romano he podido observar a pacientes desquiciados y desesperados por todo tipo de terapias librarse de enfermedades y del sufrimiento, gracias a su entrega a la oración. Son muchos los pacientes que han descubierto que la oración los provee de una corriente continua de poder que los sostiene inalterables en sus vidas cotidianas.

La influencia de la oración es tan poderosa que el Dr. Larry Possey comprobó que no importa si se asocia al credo cristiano, budista, protestante, hindú o musulmán. El efecto es igualmente positivo pues, a través de la oración, el espíritu se pone en contacto con el Ser Supremo, Invisible, Creador de todas las cosas.

La oración nos introduce en la dimensión sobrenatural de Dios. Así lo ha constatado también el Dr. David Larson, oncólogo radioterápico por la Universidad de Harvard y autor de más de 200 artículos científicos. Según los estudios de Larson, «cultivar la comunicación con Dios renueva nuestro estado de ánimo y cambia nuestra actitud frente a la enfermedad».

En definitiva, existen evidencias científicas que avalan la oración como el único poder en el mundo capaz de vencer las leyes de la naturaleza. A los resultados obtenidos a través de la oración los llamamos «milagros». Es apasionante observar a médicos que han pasado del agnosticismo a una fe inmensa gracias a pacientes que se han curado con la oración. De hecho, lugares sagrados como Lourdes han sido testigos de curaciones milagrosas. Por este motivo, se ha creado un Comité Médico Científico Internacional en el que participan médicos eminentes cuya única misión es realizar una evaluación médica y confirmar o descartar si se ha producido o no la curación.

En resumen, y a la luz de las evidencias científicas anteriormente mencionadas y constatadas por mi converso preferido, Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, la oración es una fuerza tan real como la rotación de la Tierra. «Es una emanación invisible del espíritu del hombre, que es la forma más poderosa que el hombre pueda generar». Si adquieres este hábito «te cambia la vida». Dicho de otro modo: la verdadera oración moldea la vida y la verdadera vida exige oración. ¿Cree usted en Dios? Sí, gracias a Dios. Y como decía Einstein: «Si Dios no existiera, habría que inventarlo».

A modo de conclusión: el poder de curar, el de la oración y el de la medicina pueden congeniarse y convertirse en una poderosa fuerza para curar. Todo ello configura el arsenal terapéutico que constituye el arte del gran médico”.

Fuente: institutoeuropeo.es

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