¿DECIDIMOS NUESTRO DESTINO?
CÓMO AYUDAR CON LAS PLEGARIAS

¿Puede la ciencia hablarnos del extraordinario poder de una plegaria y cómo hacerla más efectiva? Parece que sí. Los tiempos han cambiado.

Alberto Ivern –Lic. en Ciencias de la Educación y filósofo relacional– nos detalla en su libro “Decidimos nuestro destino” un enfoque de este abordaje. (Es también autor de “Todo deseo se cumple”, donde desarrolla sus ideas y bases científicas en forma práctica.)

El libro nos apunta las investigaciones del reconocido físico cuántico Gregg Braden, quien se interesó en las diversas formas de oración practicadas en el mundo. El académico fue llegando a conclusiones profundas, alineadas con el nuevo paradigma que está hoy revolucionando la mirada científica.

Sugiere que existe una diferencia sutil pero muy poderosa entre trabajar “hacia” un resultado y pensar y sentir “desde” el resultado mismo.

“Solemos estar en camino hacia nuestros objetivos, en vez de estar en la experiencia misma de haberlo ya logrado”, sentencia Braden, citado por Ivern.

Y acerca un ejemplo: “Si sentimos que nadie va a querernos, es inútil rezar: ´quiero conocer a alguien que me quiera´. Esa idea no tiene la energía necesaria, si no logro sentirla ´hasta convertirme en ella´.
Es decir, pre-sentir el gozo de que ello ya ha ocurrido, festejar y agradecer, para hacerle lugar a esa probabilidad cuántica: atraerla y atraparla. La clave es el corazón”.

En ocasión de visitar un pueblo originario del sur de EEUU acosado de una sequía colosal, un integrante lo invitó a presenciar una plegaria para que lloviera. En un pequeño círculo de piedras antiquísimo, el hombre se sacó sus zapatos, entró en el círculo y comenzó a llamar a sus ancestros en las cuatro direcciones. Luego le dio la espalda al científico y colocó sus manos en posición de oración, durante unos pocos segundos. Y dio por terminada la cuestión. Braden le preguntó si eso era todo. “No recé para que llueva, porque si lo hago no va a llover, ya que estaríamos confirmando que eso no existe en este momento. Todo lo que hice fue cerrar los ojos y sentir cómo mis pies se mojan, cómo se siente la lluvia en nuestro pueblo, cómo huele la tierra mojada.” Al poco tiempo, las lluvias llegaron y Braden se comunicó con su amigo para que le confirmara que había sido él. Pero el nativo le contestó que él sólo había rezado. Braden comprendió que “con el sentimiento les hablamos a las fuerzas de la creación, que actúan como un espejo, permitiéndole al universo la oportunidad de manifestarlo”.

Luego de vivir esta experiencia y muchas otras –vinculadas a curaciones “milagrosas” de una persona a otra hallándose en distintas ciudades– Braden cree haber encontrado el “código”:

“El pensamiento debe ir acompañado por la emoción”.

El sentir y provocar una emoción en el propio cuerpo puede producir un cambio tanto en el cuerpo del otro como en el mío, del mismo modo en que, al afectar una pieza cualquiera de un objeto holográfico, se afecta a todo el objeto. Y concluye:

“La forma correcta de orar es sentir como si la oración ya hubiera sido respondida”.

Si todo en el planeta está unido, como ya proponen místicos y científicos por igual, la idea no parece en absoluto descabellada.

Fui a colegios católicos, y rezar era una costumbre obvia. Pero no recuerdo haber escuchado algo así. Hoy parece tratarse de una herramienta al servicio de la razón, más allá de la fe. Algo impensable en mi niñez. La ciencia va acercándose a lo espiritual. Ladran, Sancho…

Por Darío Bermúdez

Manager de contenidos. Escritor, documentalista, y director de colecciones de libros holísticos. Desde hace 25 años se dedica a la apertura de conciencia. Mail: dario@bermudez.com

¿QUIERES SABER MÁS SOBRE ESTE TEMA?
“Decidimos nuestro destino”, de Alberto Ivern, Editorial Kier.
“Todo deseo se cumple”, de Alberto Ivern, Editorial Kier.