Física cuántica y neurociencias en una fascinante teoría sobre experiencias cercanas a la muerte.

Las personas que han estado a punto de morir suelen relatar experiencias en las que su percepción y su conciencia transitan por estados alterados que evocan una imaginería en común. Visiones celestiales, túneles de luz blanca, edénicos espacios o recuentos de sus vidas –en un fractal de segundo, una recurrencia en la que parece que el tiempo se detiene y el hombre percibe simultáneamente todos los momentos (como si toda la película de nuestras vidas cupiera en un parpadeo). Los neurocientíficos estudian estas experiencias cercanas a la muerte y buscan encontrar una explicación a lo que anteriormente era dominio único de la religión y la metafísica.

“El universo es un holograma”

Algunos científicos se inclinan por la idea de que durante esos instantes en los que una persona coquetea con la muerte, su cerebro padece una “dilación temporal” generada por una alteración en el comportamiento de los microtúbulos (minúsculas estructuras que podrían estar relacionadas con el procesamiento de la información y la conciencia a nivel cuántico). Esta dilación temporal hace que la persona perciba aquella suspensión temporal o “del más allá” que le sugiere que, al morir, la vida continúa de manera espiritual.

El neurocientífico Anthony Peake cree que al morir –o al simular este arcano proceso en nuestro cerebro– ocurre una descarga del neurotransmisor glutamato, el cual inunda las vías neurales en momentos de estrés extremo. Este neurotransmisor sería el encargado de ralentizar la percepción y evocar memorias remotas, de tal manera que una persona podría incluso recordar toda su vida en un instante.

Peake elabora su teoría a partir del trabajo del físico David Bohm, quien desarrolló la teoría de “la totalidad y el orden implicado”, en la que sostiene que el universo es un holograma, en el que toda la información del sistema completo yace en cada parte. Extrapolando esto tenemos que nuestra memoria no se encuentra almacenada en algunas partes del cerebro sino que se acumula, en su totalidad, en cada zona. Así, en un momento dado nos es posible proyectar todo nuestro contenido mnemónico.

“Al morir, nuestro cerebro proyecta una película holográfica de toda nuestra existencia”

Explica Peake: “Sugiero que en lo que llamo Experiencias de Muerte Real, la persona que muere experimenta todas las percepciones reportadas en las clásicas experiencias cercanas a la muerte pero a grandes rasgos. Propongo que su percepción del tiempo se acelera tanto que literalmente se salen del ‘tiempo del reloj’ (el tiempo como es percibido por otros, tales como un observador que presencia a un sujeto muriendo) y repentinamente se hallan en una zona atemporal forjada por la mente. Dentro de este estado atemporal entre la vida y la muerte (un estado que desde siempre ha sido reconocido por muchas religiones, llamado el “Bardo” por los budistas tibetanos  y el “Limbo” por los cristianos) se experimenta la ‘revisión panorámica de la vida’, como la llaman los investigadores de las experiencias cercanas a la muerte. Sin embargo, a diferencia de los reportes de experiencias cercanas a la muerte como ‘mi vida destelló ante mis ojos’, yo sugiero que en la experiencia real de la muerte la vida se experimenta ‘en tiempo real’, literalmente revives minuto a minuto toda tu vida. Al universo interno en el que esto sucede lo llamo ‘el IMAX Bohmiano’”.

Como en la isla de “La invención de Morel”, la novela de Bioy Casares donde las personas se convierten en fantasmas holográficos, Peake sugiere que al morir nuestro cerebro proyecta una película holográfica de toda nuestra existencia: esa es la repetitiva eternidad que nos está reservada, a menos de que logremos bifurcar este sendero circular.

“Mi IMAX Bohmiano no es una película lineal, sino un supersofisticado juego computacional en primera persona en el que cada alternativa puede ser seguida. Así que ahí lo tienen. ‘Engañar al Barquero’ sugiere que al momento de la muerte todos caeremos fuera del tiempo, entraremos al IMAX Bohmiano y al hacerlo nos catapultaremos a nuestro nacimiento, empezaremos nuestras vidas y seguiremos el mismo camino hasta que algo nos saque de ese camino y nos mande por otra ruta”, completa.

A diferencia del concepto del eterno retorno, Peake plantea una posible salida a este laberinto existencial similar al Bardo Thodol (o Libro tibetano de los muertos): tomar uno de los senderos que se bifurcan hacia un universo paralelo donde otro tú existe, pues a ello sigue una nueva permutación dentro del infinito de posibilidades entrelazadas: el multiverso.

Fuente: faena.com

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