El brillante poeta portugués incursionó en distintas facetas del ocultismo.

El nombre de Fernando Pessoa es actualmente bien conocido. Junto con Luís de Camões, Pessoa es uno de los poetas nacionales más importantes de Portugal, y entre cierta comunidad de lectores, se le considera el artífice de una obra rica en matices emocionales y filosóficos, un nihilista que celebraba los milagros y las revelaciones de la existencia pero también un espíritu hedónico que al final del placer y los goces veía la ominosa sombra de la nada.

Dicha estima, sin embargo, puede considerarse relativamente reciente. Como sucede cada cierto tiempo y con algunos creadores en el mundo del arte, pasa que sus obras son olvidadas y relegadas durante años, a veces incluso mientras el artista vivía, y solo con el tiempo, cuando alguien las redescubre y las rescata, emprenden una suerte de retorno triunfante y se les otorga el valor que debieron haber tenido desde el inicio.

Esa es un poco la historia de Fernando Pessoa, quien en vida solo publicó un par de compilaciones de sus poemas en inglés (Antinous e 35 Sonnets, en 1918, y English Poems, en tres tomos, de 1921) y Mensagem, en 1934. Fuera de estos tres libros, toda la obra que conocemos del portugués es póstuma, resultado del trabajo editorial y del interés que sobre el poeta se tuvo sobre todo desde mediados del siglo XX. Una situación sorprendente si se tiene en cuenta la vasta cantidad de páginas que permanecieron inéditas, algunas incluso hasta hace muy poco tiempo.

“Redactó una encendida defensa de las logias masónicas de Portugal”

Entre este archivo reservado, de algún modo secreto por voluntad propio del autor, se encuentran numerosos textos que revelan el interés de Pessoa por el ocultismo y las sociedades secretas, una inclinación que dejó secuelas en su obra (desde Mensagem hasta Livro do Desassossego, según la crítica) y que tuvo como causa un evento inesperado y crucial: el suicidio de su mejor amigo, el también poeta Mário de Sá-Carneiro, ocurrido en París en 1916.

A partir de esta muerte, Pessoa comenzó a frecuentar doctrinas esotéricas, órdenes mayores y menores, sociedades secretas, ideas y métodos. Tradujo a Helena Blavatsky y le escribió una carta a Aleister Crowley para señalarle los errores cometidos en un horóscopo que había publicado. Él mismo escribió más de mil horóscopos y se dice que continuamente realizaba consultas astrológicas para sí mismo. Indagó sobe los masones y los rosacruces, y aunque al parecer nunca se inició en ninguna orden, sí redactó una encendida defensa de las logias masónicas de Portugal cuando la Asamblea del país, a instancias del régimen dictatorial de Salazar, impulsó una ley para prohibir y penalizar las sociedades secretas.

Con todo, la lucidez de Pessoa contrasta notablemente con el hermetismo propio de las ideas ocultistas, resultando en una suerte de acercamiento distante, una exposición que buscaba clarificar más que convencer. Una postura sin duda contradictoria pero quizá previsible en vista del rigor intelectual del poeta.

Así, por ejemplo, en “La doctrina de los tránsitos”, Pessoa escribe sobre los que a su juicio son y no son los verdaderos propósitos de un horóscopo, aquello que podemos y no esperar cuando recibimos uno y, en suma, el requisito indispensable de la clarividencia individual para comprender su significado auténtico:

La vida es esencialmente acción, y lo que el horóscopo indica es la acción que hay en la vida del nacido. Hay tres cosas que no se deben de buscar en un horóscopo: (1) las cualidades fundamentales de individuo, en cuanto a su grado íntimo; (2) el punto de partida social de su vida; (3) lo que resultará de él, y de la vida que tuvo, después de la muerte. Todo, menos esto, el horóscopo lo incluye y lo define.

No nos asombremos de que sea apagado y frustrante el horóscopo de ese gran artista que fue célebre solo después de muerto: el horóscopo indicará cualidades artísticas (en un grado que no podemos medir) e indicará oscuridad. Todo estará indicado en abstracto; solo nuestra videncia propia lo podrá concretizar (ese es el sentido del primer apotema de Ptolomeo).

[…] El horóscopo revela, poco más o menos, lo que el mundo ve. Nunca debemos olvidar este pormenor importantísimo. Sin este, nada haremos de la astrología.

En otro texto similar, Pessoa afirma que “los caminos del Misticismo y de la Magia son muchas veces camino de engaño y error”, pues “el Misticismo significa esencialmente confianza en la intuición […], una operación de la mente por la cual los resultados de la inteligencia son obtenidos sin el uso de la inteligencia”; y “la Magia significa esencialmente confianza en el poder […], una operación de la mente por la cual los resultados del esfuerzo continuo son obtenidos sin el uso del esfuerzo continuo”. En suma, ambos son según Pessoa “atajos para el conocimiento”. “En una sesión espiritista, por ejemplo, ¿no parece más cierto que la comunicación de las cosas conocidas solamente por uno de los presentes pueda ser una proyección de la mente de ese que está presente?”

“El camino de los símbolos es fácil y peligroso, porque es fácil y seductor”, sentencia el poeta, quien a pesar del mucho tiempo dedicado al estudio de estas cuestiones, no terminó inscrito en la fascinación común que a veces provocan. Oficiante de un culto heterodoxo que, por sobre todo, invita a creer solo hasta que por nosotros mismos arribemos al conocimiento auténtico:

O mistério das coisas, onde está ele?
Onde está ele que não aparece
Pelo menos a mostrar-nos que é mistério?
Que sabe o rio e que sabe a árvore
E eu, que não sou mais do que eles, que sei disso?
Sempre que olho para as coisas e penso no que os homens pensam delas,
Rio como um regato que soa fresco numa pedra.
Porque o único sentido oculto das coisas
É elas não terem sentido oculto nenhum,
É mais estranho do que todas as estranhezas
E do que os sonhos de todos os poetas
E os pensamentos de todos os filósofos,
Que as coisas sejam realmente o que parecem ser
E não haja nada que compreender.
Sim, eis o que os meus sentidos aprenderam sozinhos:

As coisas não têm significação: têm existência.
As coisas são o único sentido oculto das coisas.

Fuente: faena.com

Por Darío Bermúdez

Manager de contenidos. Escritor, documentalista, y director de colecciones de libros holísticos. Desde hace 25 años se dedica a la apertura de conciencia. Mail: dario@bermudez.com

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“Astrología esotérica”, Alice Bailey, Editorial Kier
“La voz del silencio”, Helena P. Blavatsky, Editorial Kier
“Espiritualidad y Masonería”, Jorge Sanguinetti, Editorial Kier.